De Conrado Romo
Publicado 15 de febrero 2011 en Crítica Pura
China estuvo a un ápice de la industrialización en el siglo XIV (…) Según Mokyr, parece que el factor determinante del conservadurismo tecnológico fue el miedo de los gobernantes a los posibles impactos del cambio tecnológico sobre la estabilidad social. Numerosas fuerzas se opusieron a la difusión de la tecnología en China, como en otras sociedades, en particular los gremios urbanos. A los burócratas, contentos con el orden establecido, les preocupaba la posibilidad de que se desataran conflictos sociales que pudieran aglutinarse con otras fuentes de oposición latentes en una sociedad mantenida bajo control durante varios siglos.
Manuel Castells, Prologo la red y yo.
Parece mentira, pero a lo largo de los siglos las elites dominantes parecen ser megalitos inamovibles y resistentes al paso del tiempo, parecería que quienes han gobernado a la humanidad, independientemente de las diferencias culturales, se guían por dos preceptos básicos: Mantener el control o expandir el control. Como en la referencia que hago al principio de este post, China en pleno siglo XIV tenía la capacidad técnica, científica y humana para dar el salto a una revolución industrial, un estadio superior (desde mi posición tecnodeterminista) comparada con su antigua sociedad feudal, esa oportunidad que tuvo el país asiático y que hubiera cambiado la historia radicalmente como la conocemos, fue desaprovechada por una clase socio-cultural y gubernamental plácidamente adormilada y cómoda con sus respectivos cotos de poder.
Y ¿Qué relación tiene la China del siglo XIV con el ACTA del siglo XXI? Que ambos momentos históricos, en un nietzscheano eterno retorno, son encrucijadas para la humanidad en el tiempo, son momentos donde se pueden romper paradigmas o mantenerlos, son los momentos donde las sociedades deciden su destino, en China decidieron dejar de lado las oportunidades de la industrialización, pero hoy en febrero del 2010, la sociedad global, la que posee los recursos humanos, técnicos y científicos para atravesar el umbral hacia un nuevo estadio de desarrollo, tiene en sus manos seguir el ejemplo de la pasividad de la China feudal o buscar las oportunidades (y sin duda también sus retos) de una sociedad hiperconectada e informada.
ACTA es más que un simple tratado, es más que una discusión sobre piratería y propiedad intelectual, es más que un tema centrado en la Industria y los derechos de los usuarios de Internet, ACTA (no como tratado, sino como fenómeno) es la lucha entre dos modelos de civilización, uno que se está gestando y otro que está muriendo. ACTA (ahora como tratado) es el intento desesperado y lógico desde las lógicas de las elites para intentar contener, detener y someter, una nueva forma de interacción social que rompe con los esquemas que tan cómodamente los ha mantenido en las posiciones privilegiadas que hoy ostentan, no es que su reacción sea consiente y perversa, es que esa es su naturaleza, es así como han sido entrenados y es así la única forma en la que pueden y actuar (claro, tengamos la esperanza de que algunos puedan auto reprogramarse).
Internet no trata sobre desarrollos técnicos, no trata sobre programación en el más ortodoxo sentido, no trata de gadgets ni de competencias comerciales, Internet trata, es, sobre la humanidad, sobre la comunicación e interacción, sobre la creación y cooperación, sobre el territorio en el que se puede explotar y democratizar el más valioso recurso natural conocido por el hombre, la información. Es así como se debe entender en contexto ACTA, más allá de las obviedades autoritarias con las que el tratado sea desarrollado (violaciones al derecho a la información, a la soberanía, al comercio justo, a la democracia y que atenta contra el derecho a la privacidad, a la salud y a la cultura) se debe pensar como una batalla de proyectos de mundo, por un lado, uno que representa la continuidad del sistema autoritario global y otro un mundo donde se utilice la tecnología como impulsor del desarrollo social, que se socialice y esté al alcance de todos las grandes obras científicas, artísticas y técnicas de la creatividad humana, un sistema donde las lógicas individualistas recalcitrantes se borren en pro de una visión cooperativista pero al mismo tiempo donde todos los sujetos se posicionen como agentes libres y únicos, la colectividad desde el individuo.
El pretexto es la falsificación, la piratería, pero el simbolismo va más allá, ACTA como icono del poder hegemónico es la bomba con la que esperan que todo su mundo vuelva al orden del siglo XX, es el reflejo del desconcierto de aquellos pensados y pensantes en las democracias aparentes, es una película porno gigantesca para el sequito de chaqueteros con traje que sueñan con el más gore continuismo. Posicionémonos y digamos NO al ACTA, no dejemos pasar la oportunidad de configurar un nuevo sistema más justo y democrático y ante los alegatos de los falangistas culturales, no olvidemos decirles que la creatividad y la imaginación humana están más allá de cualquier legislación.
